jueves, 22 de diciembre de 2016

Tiempos claros



Son tiempos claros.
Claro, ¡claros!
casi
casi
transparentes.

Aún cuando claro suene a cloro
Y cloro a cólera,
y cólera a antes,
y antes a ahora
y ahora a ahorro en dólares, joyas de la abuela, moneditas de diez y de cinco, o billetes de dos o vente pesos.


Todo suena y resuena a peso que no alcanza, a ¡cómo pesa!, a paso pesado sobre un verde papel caluriento, a abanicos de pesos ligeros sobre tempos ¡que ahora! tenemos claros,
claro.

Y es que es concreto
¡Vive de transparente!


Todo apunta al río claro
en el que iremos hundiendo las oscuras patas
hasta quedar hasta el oscuro cuello
agarrotado y ASEDIADO por pensamientos
              cada
                       vez
                              más

                 oscuros.


Son tiempos ¡tan! claros que no hay lugar para la duda.
(Ni para el arte, ni para el sexo que acarrean nuestras negras identidades deseosas, ni para el sueño que no destile cacharros colorientos, porcelana, bilis, humo amarillo o adiestramiento)


¡Todo está sumamente claro!
Cada espacio definido,
cada cuerpo ubicado,
cada ciclo estatuido
y cada atropello justificado.


"Una vez entendido eso: sonrían".
Afortunadamente para eso aún existe el "NO".


Toda esta claridad sencillamente debe animarnos.
El enemigo, en tiempos claros, es un asesino con disfraz de payaso.
No debemos subestimarlo,
porque sus payasadas son su traje, y tras las estúpida fachada se apilan

una a una
sus ambiciones, y éstas...

también son claras.

Claras como sus pieles claras,
Como sus ojos claros
Como sus dientes claros
Como su hacer impune.

Una sola cosa permanece en la penumbra: una maga en cierta medida incierta que se alía a las filas de ese circo cimentado por celéricos dólares de coléricos dealers de pieles claras que la tergiversan y vapulean para oscurecer lo que está claro:

Estoy hablando de la palabra.
Y ahora, le estoy hablando a ella; ambigua y multicolor de flanco a flaco.
Ahora...
Aunque ahora suene a ahorro: a intrascendentes moneditas de diez y de cinco centavos.
Entonces AHORA, y con todo esto: NO, palabra. No te prestes.
No seas servil en las tardes por las que te ultrajan. No seas vil por las noches en las que te dejan mentirosa y vacía en los comedores de las casas...
Hundite acá; en esta negrura hermana. Construiremos por tu nombre y diremos abiertamente:

QUEDATE, palabra.

Y es "quedate". En imperativo.
Porque sientre tanta claridad hay algo que está verdaderamente claro... es que de ningún modo vamos, palabra, a perderte.