lunes, 23 de febrero de 2015

Jediento.

Huelo a palabras.
Todo sobre la cama suda,
Se desordena,
Se marma en canicas rotas.

Palabras que no puedo decirte dejar
De palabras de-vidas e indebidas e in the vidas hilvanar.

Hacer un péndulo de palabras circular
Es pedir que la lluvia nos limpie al

humedecer.

todo va hinchándose
de palabras

hay un dejo de dejala en el alhajero
Y nunca supe bien donde hiba la ache en esa palabra.

Las palabras son gordas tontas infladas
Con las que juego a revolcarme en la cama en que dejala.
En la cama en que dejé de bañarme hace tiempo,
Un asco,
Reitero:
Dejé de bañarme.

Hiedo a palabras ahora,
A palabras abarrotadas en mi cóxis
Cayendo como insulsos coágulos
Naturalmente y sin esfuerzo
sobre la almohada.

¿Qué si dejara de jugarlas?
Decir seriamente...

bueno; dejala.

No estés con ella, en serio. No quiero. Me da celos. Caigo en un fractal de tu cara(ses) besándole(s) el vientre(ses) desnudo(s) en la misma cama en la que me tocabas todo el día. Y me traías el desayuno a la cama. No se lo lleves. Desayunar mirando por la ventana que me miraba... me gustaba. Ahora está ella con el pelo pegado a los hombros, toda sudada. Su sudor huele a loto, seguro, qué puta... no a palabras o a cigarrillo, no a fósforo ni a bicarbonato. La veo. La veo sentada en tu almohada. Todo en una puta escala de grises que lo pone a todo más... solemne. No la ames. Que no te interese. Ni en pedo la ames, no se lo merece. Yo construí todo el amor que me diste, y eso basta para merecerlo. La construcción fue mía, ¿capisce, ragazzo? Nunca me amaste: sólo tuve la capacidad de hacer que me amaras como yo quería. Y un complejo de superioridad que te la voglio dire. Está bien: basta. Entré yo en el caracol ahora. Soy una estúpida rosa subiendo por la escalera que baja hasta el centro de la prosopopeya más naif disponible en el mercado de pulgas de figuras retóricas. Cohelo un poroto. Es tarde. No puedo ir a trabajar así, tengo ojeras. No la ames. Hace 10 días estoy tan deprimida que dejé de bañarme. La lluvia es horrible. El olor de esta pieza cuando llueve me pone peor: Toda la madera se humedece y saca olor a sándalo podrido. Apesta igual que yo. Dejala, dejala, dejala. No la ames a Jenifer, Valentina, Tamara, Laura, Natalia, Florencia o Luciana. Dejala pudrirse en el ropero.
Abrazame un rato, che. No seas careta.



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