lunes, 12 de febrero de 2018

El caucho en portugués o "Un desfile de ingenios orientales en occidente"

Caras de cortázares juzgones. Letretos de destinos aledaños e inciertos. ¿Qué ocurre en esta avenida desierta? Nada-que-me-despierte.
Luces sobre el suelo.
Estímulo sobre-estímulo.
Mi generación ¡tan! dormida necesita sobre-estímulos para estimularse
mínimamente.

El tiempo derramó sobre mi cuerpo una miel de aguja espesa.
Urdió en mi sien dos surcos gruesos y en mi alma una certeza.
No todo el mundo es bueno.

Años antes


Caminaba las calles porteñas con otra impronta:
cableado bañado en luna o alcohol era lo mismo.
Hoy el bondi huele al vómito con que mis compañeros adolescentes de hace tiempo
decoraron las veredas
y lo poético se me duerme.

Busco en las letras el proyecto soleado y verde al que escribieron los contemporáneos de mis abuelos.
¿Estaré vieja? ¿Cacharro adusto? ¿Juego de puntillas, pastillero vacío,  alhajero trémulo?

Las palabras caen como un manto de recuerdos
Que revuelven las muertes de las mujeres de mi familia.
Ellas también perdieron el encanto, junto a la Buenos Aires que hoy me entretiene, distante.

Voy por el colectivo como por el mundo
Sabiendo
-Sinceramente sabiendo-
que lo que hoy es desgracia ayer fue poesía.
Que mis sueños fueron mutilados
el día que no me atreví a vivirlos

Y mientras los enjuago de sangre
Acarreo las cuchillas.

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